viernes, 15 de julio de 2011
Concédeme esta pieza
Un, dos, tres, un, dos, tres. No se pierda. Un, dos, tres, va bien el vals. Cerramos los ojos y nos perdemos en la música que en realidad lo único que hace es marcarnos el paso en el sueño que estamos alcanzando de a poco, a paso firme, pero delicado. Cada vez vamos más rápido cuando tomamos seguridad y se empieza abrir paso el murmullo de la gente que nos mira. Que nos admira. La gente que en un secreto a voces nota que nuestra felicidad hace que tomemos el protagonismo del salón. Un, dos, tres, derecha, izquierda. Tómame la mano y luego de la cintura, que si no lo haces tú lo haré yo. Por ser mujer no significa que no pueda. Deja que miren, que disfruten el exquisito vayven, y si pueden hacer un círculo al rededor de nosotros un tanto mejor, siempre necesitaremos espacio por si queremos hacer una pirueta. Y quién dijo que no se podía aprender a bailar antes que a caminar. Los peces nadan sólo porque no pueden volar. Estar en la tierra se vuelve cada vez más repetido, por eso preferí pasar de estar en una camilla a levitar contigo al ritmo de una linda melodía.
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